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¿Por qué me congelo cuando intento hablar inglés?

Tal vez te ha pasado.


Estás en una reunión.


En una entrevista.


En una clase.


O simplemente hablando con alguien que domina el idioma.


Y de repente sucede.


Las palabras desaparecen.


Tu mente se queda en blanco.


Comienzas a dudar.


Te pones nervioso.


Y terminas diciendo mucho menos de lo que realmente querías decir.


Lo curioso es que muchas veces sí conocías las palabras.


Sí entendías la pregunta.


Sí sabías más inglés del que fuiste capaz de utilizar en ese momento.


Entonces, ¿qué pasó?


Una conversación que me hizo pensar


Hace más de diez años conocí a quien hoy sigue siendo uno de mis mejores amigos.


Es una de esas amistades que puedes contar con los dedos de las manos.


Y si algo me enseñó esa amistad es que hablar inglés puede abrir puertas mucho más grandes que simplemente aprender un idioma.


Puede abrir la puerta a conversaciones, experiencias y relaciones extraordinarias.


Mi amigo es estadounidense.


Nos reuníamos casi todos los viernes.


Nos tomábamos unas cervezas y platicábamos durante horas.


Hablábamos de política.


De ciencia.


De tecnología.


De historia.


De filosofía.


De todo un poco.


Nuestras conversaciones eran en inglés porque, aunque él vivía en México, su español era muy básico.


Tan básico que mantener conversaciones profundas en español era prácticamente imposible.


Sin embargo, una noche ocurrió algo curioso.


Después de varias cervezas, comenzó a hablar español con una soltura que no era habitual.


Utilizaba palabras que normalmente no utilizaba.


Construía frases más complejas.


Sonaba mucho más fluido.


Y en algún momento se quedó pensando y dijo algo que nunca olvidé:


"Wow... mi español suena mucho mejor cuando tomo cerveza."

Nos reímos.


Pero detrás de esa frase había una pregunta fascinante.


¿Dónde estaba ese español antes?


Porque claramente ese español no apareció mágicamente después de las cervezas.


Ya estaba ahí.


Las palabras ya estaban ahí.


Las estructuras ya estaban ahí.


La capacidad potencial ya estaba ahí.


Entonces, ¿qué cambió?


Lo que cambió no fue el conocimiento.


Lo que cambió fue algo relacionado con la forma en que estaba utilizando ese conocimiento.


Lo que solemos pensar


Cuando nos bloqueamos al hablar inglés normalmente llegamos a una conclusión inmediata:

"Me falta más inglés."

Y entonces aparece la frustración.


Y después de la frustración aparece la búsqueda de una explicación.


Y normalmente terminamos llegando a la misma conclusión:


  • Me falta vocabulario.

  • Me falta gramática.

  • Me falta estudiar más.

  • Me falta consumir más contenido.


Pero existe una pregunta interesante.


Si el problema fuera únicamente la falta de conocimiento, ¿por qué tantas personas pueden comunicarse mejor en unos escenarios que en otros?


Uno de los motivos es cómo interpreta la situación nuestro cerebro


Nuestro cerebro no interpreta todas las situaciones de la misma manera.


Hay situaciones que interpreta como amenazas.


Y hay situaciones que interpreta como oportunidades.


Cuando percibimos una amenaza solemos:


  • dudar más,

  • protegernos más,

  • enfocarnos más en equivocarnos,

  • inhibirnos más.


Nuestro desempeño suele disminuir.


Por el contrario, cuando percibimos una oportunidad solemos:


  • explorar más,

  • expresarnos más,

  • intentar más,

  • utilizar mejor las habilidades que ya poseemos.


Y eso puede producir una diferencia enorme.


No porque nuestro conocimiento haya cambiado.


Sino porque cambió la forma en que accedemos a él.


El verdadero peligro: convertir un evento en una identidad


Muchas personas interpretan el bloqueo como evidencia de incapacidad.


Y cuando eso ocurre, dejan de ver un evento temporal y comienzan a verlo como parte de su identidad.


Ya no piensan:

"Hoy me bloqueé."

Empiezan a pensar:

"Soy malo para los idiomas."
"No nací para esto."
"Nunca voy a poder."

Y esa interpretación es mucho más peligrosa que el bloqueo mismo.


Porque el bloqueo es temporal.


Pero una identidad puede acompañarte durante años.


Lo que aprendemos del deporte


En muchos deportes, uno de los trabajos psicológicos más importantes consiste en ayudar a los atletas a no confundir los errores, los resultados o los fracasos temporales con su identidad.


Porque cuando una persona interpreta un error como evidencia de incapacidad, deja de ver una experiencia temporal y comienza a verla como una característica permanente de quién es.


Pero los atletas que desarrollan una mentalidad más saludable aprenden algo diferente.


Aprenden a interpretar los errores como parte del proceso de desarrollo de una habilidad.


No como evidencia definitiva de quiénes son.


Y esa diferencia puede cambiar por completo la forma en que enfrentan los desafíos, las oportunidades y la presión.


Con el inglés ocurre lo mismo.


Tal vez la confianza no sea lo que crees


Normalmente pensamos que la confianza es algo que algunas personas tienen y otras no.


Pero, ¿y si la confianza fuera una habilidad entrenable?


¿Y si la confianza no apareciera por arte de magia?


¿Y si apareciera como consecuencia de aprender a utilizar nuestras capacidades incluso cuando sentimos presión?


Porque tal vez la confianza no sea el punto de partida.


Tal vez sea el resultado.


Una pregunta para ti


Si una persona puede desempeñarse de forma tan distinta dependiendo de cómo interpreta la situación, ¿no deberíamos entrenar también la capacidad de responder con confianza cuando llega el momento de comunicarnos?


 
 
 

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