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Cuando tenía 12 años cometí uno de los mejores errores de mi vida hablando inglés

Tenía 12 años.


Estaba en una playa de Acapulco.



Y acababa de hacer algo que para mí era enorme.

Le había hablado en inglés a una chica estadounidense llamada Jessica.


Era la primera vez que hacía algo así.


Estaba nervioso.


Muy nervioso.


Pero también estaba emocionado.


Sentía que estaba poniendo a prueba algo importante.


Sentía que estaba comprobando si realmente era capaz de hacer aquello que había comenzado a imaginar para mi vida.


Lo que no sabía era que estaba a punto de cometer uno de los mejores errores de mi vida.


El error


Mientras hablábamos, un vendedor de la playa se acercó a intentar venderle algunas piezas de "plata".


Yo sabía que no eran de plata.


Mi mamá me había explicado anteriormente que muchos de esos productos estaban hechos de alpaca.


Así que, intentando ayudar, le expliqué a Jessica en inglés que aquello no era plata auténtica.


Lo que olvidé por completo fue que el vendedor también entendía algo de inglés.


Y mucho menos tomé en cuenta que estaba alcoholizado.


La situación se volvió tensa rápidamente.


Después agresiva.


Y después peligrosa.


Recibí insultos.


Amenazas.


Patadas.


Mi familia tuvo que intervenir.


Tuvimos que abandonar la playa.


Y mientras se alejaba, aquel vendedor gritó algo que todavía recuerdo:

"¡Lleve a su hijo a una escuela de inglés! ¡Está bien pendejo!"

Tenía 12 años.


Y me sentí avergonzado.


Muy avergonzado.


Lo que pudo haber pasado


Hoy veo algo que en ese momento era invisible para mí.


Aquella experiencia pudo haber producido una historia completamente distinta sobre mis capacidades.


Pude haber concluido:


"Nunca vuelvo a hablar inglés."

O:

"Mis errores en inglés causaron todo esto."

O:

"Hablar inglés sólo trae problemas."

O incluso:

"No sirvo para esto."

Y honestamente, no habría sido una reacción extraña.


He conocido personas que abandonaron después de experiencias mucho menos intensas.


Porque cuando una experiencia dolorosa se mezcla con vergüenza, es fácil comenzar a creer historias equivocadas sobre uno mismo.


Lo que realmente ocurrió


Hoy, mirando hacia atrás, veo algo curioso.


Aquella experiencia produjo exactamente el efecto contrario.


No me alejó del inglés.


Me acercó más.


Pude haber interpretado que mis errores habían causado todo aquello.


Pude haber identificado al inglés como el problema.


Pero no fue así.


De alguna manera, gracias a una habilidad que hoy domino, aquella experiencia se convirtió en evidencia y reto. Puedes leer más sobre ella aquí: [Artículo 6: La habilidad que puede transformar obstáculos en oportunidades de crecimiento]


Una prueba de que valía la pena hablar inglés.


Porque a pesar de mis errores, había logrado comunicarme.


A pesar de mis errores, había iniciado una conversación.


A pesar de mis errores, había hecho algo que la mayoría de las personas a mi alrededor jamás se habría atrevido a intentar.


Y además ocurrió algo más.


Aquel insulto se convirtió en combustible.


Cuando aquel vendedor gritó que me llevaran a una escuela de inglés porque estaba "bien pendejo", tomó forma una decisión.


No quería alejarme del inglés.


Quería volverme extraordinariamente bueno hablando inglés.


Quería dominar esa habilidad.


Quería vivir todas esas cosas de las que me había enamorado un año antes cuando descubrí algo que cambió mi vida:


Yo no era el problema.

No era incapaz.

No era tonto.


Simplemente necesitaba las condiciones correctas para aprender y desarrollarme.

Y aquel episodio en la playa se convirtió en una razón más para seguir adelante.


Lo que aprendí años después


Mirando hacia atrás, creo que esa decisión cambió muchas cosas.


Porque seguí hablando aunque mi inglés no era perfecto.


Seguí acercándome a personas aunque cometía errores.


Seguí utilizando el idioma mucho antes de sentirme listo.


Seguí exponiéndome a situaciones reales.


Y precisamente por eso terminé volviéndome mucho mejor.


Creo que muchas personas esperan hablar bien para comenzar a usar el inglés.


Mi experiencia fue exactamente la contraria.


Comencé a usar el inglés cuando todavía era malo.


Y fue precisamente eso lo que me permitió volverme bueno.


La ironía es que el mismo evento que pudo haberme alejado del inglés terminó acercándome todavía más a él.


El verdadero peligro


Con el tiempo descubrí algo importante.


El verdadero peligro no era el error.


El verdadero peligro era la interpretación del error.


Porque un error puede significar muchas cosas.

Puede significar:


"No puedo."

O puede significar:

"Todavía tengo cosas que aprender."

Puede significar:

"Soy malo para esto."

O puede significar:

"Estoy en proceso de mejorar."

El evento es exactamente el mismo.


Lo que cambia es la historia que decidimos construir alrededor de él.


Lo que he visto una y otra vez


Después de años trabajando con personas que quieren hablar inglés, he observado el mismo fenómeno repetirse constantemente.


Una persona olvida una palabra.


Y concluye:

"No soy bueno para los idiomas."

Otra persona se bloquea durante una conversación.

Y concluye:

"Nunca voy a poder hablar inglés."

Otra pronuncia algo mal.

Y concluye:

"No tengo talento."

Lo curioso es que casi nunca dicen:

"Cometí un error."

Lo que dicen es:

"Soy un error."

Y existe una diferencia enorme entre ambas cosas.


La lección que cambió mi forma de ver los errores


Con el tiempo entendí algo que hoy considero fundamental.


Los errores no destruyen la confianza.


La interpretación de los errores sí.


Cuando interpretamos un error como evidencia de incapacidad, la confianza disminuye.


Cuando interpretamos un error como información sobre lo que necesitamos entrenar, la confianza puede crecer.


Porque ahora el error deja de ser una sentencia.


Y se convierte en una guía.


Lo que ocurre en cualquier habilidad importante


Nadie aprende a andar en bicicleta sin equivocarse.


Nadie aprende un deporte sin equivocarse.


Nadie construye una empresa sin equivocarse.


Nadie desarrolla una habilidad importante sin cometer errores.


La diferencia no está en quién se equivoca.


La diferencia está en cómo interpreta esos errores.


Una pregunta para ti


Si el próximo error que cometas al hablar inglés fuera una pista sobre lo que necesitas entrenar y no una prueba de incapacidad, ¿qué te atreverías a intentar esta semana?


 
 
 

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